jueves, 15 de diciembre de 2011

"I'm fine" I lied.

“Está bien” No, no lo está. Me pasé, debo ser castigada. Uno, dos, tres, papá se acerca desde la puerta y me avisa, su rostro demuestra paz y su voz intenta captar mi atención con rudeza que carece. Quiere que ordene mi pieza, una lucha que día tras día comienza a parecerme patética. ¿Y si no quiero? ¿Cómo pretenden que ordene mi pieza cuando mi cabeza es un desorden? No puedo vivir en desequilibrio, ambas partes deben estar iguales. Si mi cabeza está así, mi pieza también lo estará. Pero no puedo decírselo, creerán que tengo problemas y comenzará una discusión que terminará con mi mente ideando planes malévolos donde tomo un cuchillo con mis manos y corto a mis padres en pedazos igual de grandes, igual de horrorosos… igual de odiosos.

Necesito música. Quiero despejarme y el ruido de la tele no logra mi objetivo. Comienzo a ponerme nerviosa.

Hoy estaba bien, estaba feliz. Me puse una musculosa y no me desagradó lo que vi en el espejo como hacía algunos meses atrás, y sin embargo, cuando pensé que iba a poder controlarme luego del lunes (es decir, antes de ayer) no pude. Mis manos se manejaron solas ante el pan integral, el cual lo tomaron y untaron en chocolate fundido. Me comí dos. Luego una, dos, tres, cuatro, cinco cucharadas de torta. Basta. Mi mente, traviesa, estúpida, obesa, gorda, imbécil, repetía “estás bien, estás flaca, solo un poco…”. Mi estómago pide comer y sin embargo mi cerebro dice que no, hasta ahora, cuando todo se derrumba y tengo hambre, ansiedad, me siento triste y los pensamientos se vuelven en mi contra.

Decidí que no voy a comer, por lo menos no durante tres días, los cuales haré ejercicio aunque no deba.

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